la regla de los 2 minutos

La regla de los 2 minutos, lecciones del fregadero.

 

Ya llegó el verano, y con él la desaparición de gran parte de mi tiempo libre, así que, como buen vago, aplicaré un par de sofisticadas técnicas que, casualmente, harán que dedique menos tiempo a redactar el post y por tanto menos esfuerzo:

1. Copiar
2. Escribir menos

Así pues, sin más rodeos, el juego de esta semana será aplicar la famosa regla de los 2 minutos de David Allen:

Si realizar una acción supusiera menos de 2 minutos, debería hacerse en cuanto se defina

NIVEL I

 

Si eres un vago de manual, si eres un maestro postergador, si estás enganchado a la procrastinación, si tu mantra es “ya lo haré, …

Friega YA esos platos que estás a punto de no fregar, haz YA esa llamada que tienes que hacer, baja YA a tirar la basura que hace que tu casa huela a pollo azul, contesta YA ese email que tienes pendiente, deja YA de criticar, ponte YA a cantar en falsete, anda YA 2 minutos descalzo estés donde estés, deja YA de cotillear instagram para hacer eso que tienes que hacer…

Escribe “2 minutos” en tu checklist y define tus reglas. Si juegas en este nivel, probablemente seas una leyenda viva de la postergación. Quizás sea suficiente con que una sola vez en todo el día hagas algo de lo que tienes que hacer, que cueste menos de 2 minutos, en cuanto se te venga a la cabeza.

Recuerda que eres MUY MALO “haciendo” y que “hacer algo” es algo normalmente fuera de tu alcance.

 

NIVEL II

 

Si eres un vago de manual pero autoayudabarata te está convirtiendo en un vago motivado, si en ocasiones HACES lo que dices que “ya harás”, si en ocasiones haces cosas…

Quizás para marcar la casilla puedas exigirte haber hecho ese día por lo menos 4 cosas que cuesten menos de 2 minutos en cuanto te vengan a la cabeza. A lo loco.

 

NIVEL DIOS

 

Si eres NO vago, si te has dado un golpe en la cabeza que te ha trastornado la personalidad, si eres un depravado que obtiene placer de hacer cosas sin dejarlas para más tarde, si te gusta fregar los platos, o tirar la basura, o doblar la ropa…

Puedes cambiar el juego y jugar a la regla de las 2 horas (me dan escalofríos solo de pensarlo), o yo que sé… Soy incapaz de meterme en la cabeza de alguien que pueda jugar en este nivel.

 

LA TÍPICA CHAPA DE DESPUÉS

 

Me he dado cuenta de que soy carne de introducciones. Antes de que os de tiempo a imaginar qué carámbanos quiere decir eso, lo explico (qué sorpresa).

Disfruto especialmente con las introducciones de los libros. Ahí suele aparecer el contexto de las principales ideas que luego van a desarrollar e intentan venderte la razón de por qué son tan cojonudas. Normalmente, una vez que empiezan a profundizar mi interés suele caer en picado.

Y yo soy buen comprador. Y una de las “primeras partes de un libro” que más me ha gustado en los últimos tiempos es la primera parte del libro “organízate con eficacia” de David Allen, creador de la metodología GTD (Get things done, en castellano “haz las cosas, copón”)

Es un libro clásico de productividad, y para mi sorpresa me pareció una joya si lo lees en clave de autoayuda, sobre todo la primera parte.

Todo gira alrededor de:

Tener en la cabeza la idea de que deberías hacer algo es una mierda.

 

Y la fórmula mágica para quitarte ese mierdón de encima es sacarte esa idea de la cabeza:

1. Haciéndolo
2. O apuntándolo y decidiendo si lo harás y cuándo lo harás

 

Una parte importante del método es la regla de los 2 minutos ya explicada. Si la idea de que tienes que hacer algo que deberías hacer (y podrías hacerlo en menos de 2′) te está molestando como el típico tonto que te tiraba trozos de goma desde la última fila… hazlo… YA.

Del resto del libro no voy a escribir, que me da pereza, y además no hago prácticamente nada de lo que dice, aunque está guay.

Quizás tú, sin conocer a David Allen, ya utilizabas esta regla. Igual te indigna que parezca que David se la ha inventado. Life is life. A chuparla. Problemas en el paraiso.

Como todo publicador de movidas que se precie, no puede faltar el típico momento indisimuladamente ególatra del post, en el que cuento mi experiencia como si os importara.

En ocasiones, aplico esta regla, y mola. En el último año, por poner una cantidad de tiempo aleatoria típica, gracias a esta y otras movidillas, cada vez soy más “alguien que hace”… Sin fliparnos, “alguien que hace”, a veces, por supuesto. No se deja de ser un vago así como así…

 

“El pensamiento es útil cuando provoca una acción, y un obstáculo cuando sustituye a la acción”
Bill Raeder, citado en el libro de David Allen

Si te da pereza leer, aquí lo leo para ti. 

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3 Comentarios

  1. Fernando (otro vago)

    Me paso a la regla de las dos horas, lo de los dos minutos lo hago inmediatamente casi siempre.

    ¿Tener en la cabeza la idea de que deberías hacer algo es una mierda? Bueno yo creo que es necesario, siempre hay que tener algo ahí, como que hay que hacerlo pero no veo el momento y pueden pasar años: pintar el pasillo, pasar el aspirador al coche, …

    Responder
    • Juan

      Aupa Fernando! Según David Allen aunque tengas esas cosas en la cabeza, lo suyo es apuntarlas y decidir si finalmente las harás. Y en caso afirmativo decir cuando o diferir la decisión. Programártela en la agenda o lo que sea. En todo caso ya no está “tanto” en la cabeza en plan remordimiento cansino…
      Pero bueno, es en plan enfermos de la productividad y planificación. Estos tios apuntan y procesan TODO. La idea parece buena pero yo no me he subido al carro, el mundo no está hecho para vagos…
      Lo que sí tendré varios records de años pensando que “algún día” debería hacer no sé cuantas cosas… Se aprende a vivir con ello pero la verdad es que toca las pelotas. Sobre el papel el método mola, pero de momento con empezar a aplicar de vez en cuando lo de los 2 minutos me conformo.
      Un saludo!!!

      Responder
      • Fer

        Me pongo a ello. Gracias.

        Responder

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