El verano, al menos para mí, es la peor época del año para mantener o establecer rutinas en el día a día. En mi caso, Anai y Elene están de vacaciones y ocupan la mayor parte del tiempo que, el resto del año, puedo dedicar a otras cosas.

Ha sido un buen verano y he podido disfrutar de mi familia (y creo que he sido capaz de valorarlo y agradecerlo).

A pesar de todo, a continuación va una lista con algunas de las cosas de las que no me siento especialmente orgulloso:

  • Me he reencontrado con la cerveza social.
  • Me he puesto de dulces como un cerdo (soy adicto al azúcar).
  • Me he abandonado a las maravillosas harinas refinadas.
  • Me he divorciado de mi ayuno intermitente.
  • Me he reconciliado con los desayunos guarrillos.
  • He hecho pocos días mi micro-rutina de fuerza.
  • Después de varios meses desaparecida, mi dermatitis empezó a dar señales en primavera y en verano se ha venido muy arriba, ayudada por mi maravilloso life-style estival.
  • No he podido dedicar apenas tiempo a la web y he sentido su maldito aliento en la nuca.
  • He empezado a valorar que debería desengancharme del jodido móvil pero aún no he hecho nada.

 

Por todo esto, tengo muchas ganas de que comience el nuevo curso y volver a tomar las riendas del elefante, antes de que acabe poniéndomelas él a mí. Así que, de momento, ahí va un adelanto con 3 de mis intenciones para este nuevo curso:

Llevo mucho tiempo siendo consciente de lo enganchado que estoy al móvil. Y veo claramente que mi vida mejoraría mucho si no estuviera tan enganchado.

Así que, aprovechando esta oportunidad que se presenta con la llegada del nuevo curso, he decidido que, a partir del 1 de septiembre: 

 

Como máximo, activaré la conexión de datos 1 hora al día.

Cada día, dedicaré como máximo una hora a perder el tiempo por internet.

Esa hora no podrá ser la acumulación de pequeñas conexiones a lo largo del día. Una vez que me conecte por primera vez, solo dispondré de los siguientes 60 minutos para poder seguir perdiendo mi tiempo y poder buscar como un pobre yonki loco desesperado algunas miserables dósis de dopamina.

Con esto espero aumentar mis niveles de calma el resto del día, una decisión ya tomada te libera de la pesadez de estar decidiendo constantemente.

Confío también que gracias a esto recupere parte del tiempo que hasta ahora se lleva esa maldita pantalla. Y espero dedicarlo, por ejemplo, a leer o a mirar las flores o las cacas de perro.

No creo que sea alcohólico, pero sin duda me gusta el alcohol, especialmente la cerveza. Quizás no haya “nada de malo” en tomar una cerveza de vez en cuando, pero me manejo fatal en la moderación.

Una vez que tomar una cerveza es una opción, las oportunidades para tomar una cervecita aparecen hasta debajo de las piedras. Y la vida es más emocionante cuando la cerveza se te sube un poco  a la cabeza…

Así que, cada vez que surge la oportunidad de echar una cervecita, acabo echándola. Total, no hay “nada de malo”.

Llevo tiempo anotando en mi checklist cada día que NO tomo alcohol. Esta ha sido una gran herramienta para poner nombre al famoso “de vez en cuando”. Me ha servido para darme cuenta de que “de vez en cuando” es “mucho más a menudo” de lo que pensamos cuando se refiere a “un dulce”, “una cerveza”, “mirar el móvil”… Sin embargo, es mucho menos frecuente cuando hablamos de cosas que, aunque son buenas para nosotros, nos cuesta hacerlas.

Por eso, a partir del 1 de Septiembre:

 

Como máximo, beberé alcohol una vez al mes.

Con esta fórmula, trabajaré mi fuerza de voluntad.

Evitaré reforzar un mal hábito que, se mire por donde se mire, no aporta nada bueno a nuestro cuerpo.

Tener esta decisión ya tomada hará más fácil NO beber, cada vez que se presente la ocasión.

Una vez al mes, si quiero, le daré al elefante su pequeño colocón y engañaremos a nuestro cerebro haciéndole creer que tenemos super-poderes.  

Soy adicto al azúcar. Un adicto de manual. Un puto yonki.

Gracias a mis pedradas “para vivir 100 años” he podido sentir claramente el mono de los primeros días sin tomar azúcar. 

Nunca nada es demasiado dulce y nunca estoy suficientemente lleno como para que no me apetezca cualquier tipo de mierda azucarada.

He llegado a dejar de tomar cualquier tipo de dulce durante meses, pero al momento de volver a tomar algo azucarado, todo ese trabajo de “contención” se va a la basura. Vuelve el mono, los antojos constantes, las ganas de sentir esos magníficos chispazos en el cerebro.

Y aunque me llegue a empachar, mi cuerpo (o mi mente) son lo suficientemente tontos para no aprender ningún tipo de lección. Así que nunca le cojo asco a ningún dulce, por malas que sean las sensaciones que pueda llegar a tener después de tomármelo. 

Así que, a partir del 1 de Septiembre:

 

Como máximo, comeré dulces una vez al mes.

Con esta fórmula, como ya he podido comprobar en otras ocasiones, me desharé de los malditos antojos la mayor parte del mes, aunque vuelvan los siguientes días al día que me pegue el pecadillo.

Me beneficiaré de los muchísimos efectos demostrados de no tomar azúcar. Entre otros, espero mejorar mis niveles de energía y que se mantengan más estables.

Una vez al mes, si quiero, le daré al elefante alguna mierda hiperpalatable para que pueda disfrutar de unos efímeros chispazos en el cerebro. Y servirá para ofrecerle 4 o 5 magníficos días de lucha contra los antojos.

 

¿Y tú?

 

¿Te animas a liarte la manta a la cabeza con la excusa del nuevo curso?

A menudo no hacemos algo que llevamos muuuucho tiempo queriendo hacer, simplemente, porque no hemos decidido CUÁNDO vamos a empezar a hacerlo. 

¿Por qué no empezar conmigo el 1 de Septiembre?

Este nuevo curso, tienes una magnífica oportunidad para decidir hacer algo que te cueste y que sea bueno para ti. Te conocerás mejor, avanzarás hacia tu mejor yo y serás más dueño de tu vida. Lo único malo… es que cuesta. ¿O eso era lo bueno?

Anímate y, si no lo has hecho ya, empieza a descubrir el increíble mundo que se esconde más allá de la comodidad.

 

 

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