DEJA DE QUEJARTE

 

Seguramente, a lo largo de la vida, hayas tenido la suerte de poder conocer a algunas personas especiales. Personas que han sido como un regalo en tu vida. Personas que, por su manera de ser, siempre querrías tener cerca.

Las personas que me han conocido, por ejemplo, han tenido la inmensa suerte de disfrutar con mis lamentos. Regocijarse con mis quejas. Recrearse con mi negatividad. Contagiarse de mi falta de ganas. Escuchar mis lloriqueos.

Así es queridos lectores. Siempre he sido un llorón.

  • El típico niño entrañable que salía de los exámenes diciendo que le habían salido mal pero siempre aprobaba.
  • El típico colega adorable que cuando queda para correr, o andar en bici, o para ir al monte… siempre avisa de que no está en forma… por si acaso.
  • El típico compañero de grupo que, sea lo que sea lo que haya que hacer, nunca tiene ganas… y lo dice. Muchas veces. Por si acaso.
  • Creo que se pilla la idea…

 

En los mundillos del desarrollo personal no está demasiado de moda hablar de uno mismo en términos negativos o desde el juicio. Pero la autoayuda barata es otra cosa. Aquí se le llama a cada cosa por su nombre. Y el que es un llorón es un llorón. Y yo he sido un puto llorón. Punto.

Y la verdad es que – lamento tener que ser yo el que te lo diga (si es que también eres un llorón) – nadie te elegiría como compañero en la vida si pudiera elegir a alguien que no sea tan llorón. Nunca. No eres buena compañía.

Dicho esto, en defensa del pobre llorón, a veces no es fácil darse cuenta de que eres un llorón empedernido. Para el pobre llorón, las ganas de quejarse le salen de muy dentro, siente que si el mundo no escucha sus lamentos todo se podría ir a la mierda…. o algo así.

Así como la oscuridad solo adquiere significado gracias a la luz, muchas veces los llorones necesitamos encontrarnos con un NO LLORÓN escandalosamente NO LLORÓN para recibir nuestra primera bofetada de realidad.

DARKNESS meets LIGHTNESS

(o de cuando la oscuridad se encontró con la luminosidad)

 

Tengo la suerte de haber tenido una vida fácil y cómoda, he sido un privilegiado. Eso me ha permitido haber podido realizar unos cuantos viajes muy guapos, casi siempre con alguna excusa deportiva.

Me apuntara a lo que me apuntara, mi actitud habitual era la de quejarme (con humor, pero quejarme) de lo que teníamos que hacer cada día, o del motivo de cada viaje, o de lo que se me ocurría. Aunque NADIE me había obligado a apuntarme. Era de locos. A pesar de todo, al final siempre disfrutaba, y casi siempre acaba valiendo la pena, y mucho, haberme apuntado a estos viajes.

En uno de estos viajes, tuve la suerte de coincidir con uno de estos NO LLORONES escandalosamente NO LLORÓN de los que hablaba antes. Llamémosle “Señor E.”

El Señor E. era tan escandalosamente NO LLORÓN, tan naturalmente motivado, tan genuinamente NO VAGO… que no daba crédito de lo que veía. Sencillamente no le entraba en la cabeza lo que veía. Y lo que veía era a una persona que se había apuntado libremente a un viaje guapísimo y que no paraba de quejarse de estar donde estaba.

El Señor E. era y es educado y simpático, y no me insultó ni nada parecido. Pero su incredulidad era tan manifiesta que fue la bofetada que yo necesitaba para ser capaz de darme cuenta de lo increíblemente absurda que era mi actitud.

Eso no me sirvió para dejar de quejarme, pero me sirvió para tomar conciencia claramente, por primera vez, de lo recalcitrantemente llorón que era.

 

ABOFETÉATE TÚ MISMO

 

Si eres un llorón y no has tenido la suerte de recibir una de estas magníficas bofetadas que te aterrizan de golpe en la realidad, te animo a que te abofetees tú mismo, ahora mismo.

¿Eres un llorón?

NO- Alégrate
SÍ  – No molas. Vamos a por el juego.

El juego de esta semana será:

 

DEJA DE QUEJARTE

(o quéjate menos)

NIVEL I

 

Si eres un llorón de manual, puedes aspirar a quejarte un poco menos. Marca la casilla de tu checklist cada día que hayas sido consciente de que te ibas a quejar de algo y hayas conseguido frenarlo, aunque sea un poco.

Para empezar, con que consigas hacerlo aunque sea solo una vez en todo el día, puede valer.

 

NIVEL II

 

No eres un pedazo de llorón, pero te gusta rellenar el tiempo con temas de conversación que transpiran cierta negatividad, pesimismo o queja. Puedes intentar mantenerte en silencio cada vez que se presente en tu día a día la oportunidad de participar en conversaciones del tipo “el mundo es una mierda” o “antes todo era mejor” o “mi jefe noséqué” o “es injusto nosécuál” o cada vez que tengas ganas de repetir “qué cansado estás” o “cuánto te duele la espalda”.

Marca una casilla en tu checklist cada día que hayas sido consciente de que te apetecía quejarte pero has conseguido callarte, como mínimo 3 veces, por ejemplo. Calcula tu nivel.

 

NIVEL DIOS

 

No te quejes nada en todo el día. Solo para valientes. Muy pocos están dispuestos a NO compartir con el mundo toda la mierda que son capaces de ver, o los problemas tan gordos que tienen o ese tipo de cosas de las que dan tantísimas ganas de hablar.

 

DETRÁS DE LA QUEJA

 

  • Si no eres de naturaleza alegre y risueña, es realmente difícil (¿imposible?) convertirte en alguien realmente alegre y risueño.
  • Si no eres activo y vital por naturaleza, será realmente difícil que te consigas convertir en alguien activo y vital.
  • Sin embargo, si eres un llorón, no es demasiado difícil dejar de quejarse. Solo tienes que usar el silencio.

Puede que al principio tu cara siga siendo la cara mustia y compungida de un pobre llorón, pero a los que están a tu alrededor les será más fácil no mirarte demasiado que no oírte. Este es uno de los primeros beneficios que podrás disfrutar. No serás tan mala compañía como cuando te quejabas con tenacidad.

En el anterior juego de PLAY, vimos también cómo se puede “engañar” al cerebro gracias, entre otros, a mecanismos como el vínculo ideo-motor. El cerebro, aunque sigas teniendo exactamente los mismos motivos para quejarte, si no te quejas, seguramente esté recibiendo un mensaje de que los motivos para quejarte no son tan importantes, y poco a poco, tu cerebro irá convirtiéndose en el cerebro de alguien menos quejica.

Este beneficio tardará más en llegar, pero conforme vayas desarrollando la habilidad de detectar a tiempo las ganas de quejarte y la habilidad de NO quejarte una vez que las consigas detectar, casi sin darte cuenta tus razones para quejarte se irán volviendo cada vez más pequeñas. Tu cerebro habrá aprendido que eres capaz de no quejarte, y que estás mejor ahora que no te quejas o te quejas menos. La queja irá perdiendo fuerza en tu conducta habitual y cada vez conseguirás dedicar menos atención a tus “motivos”.

Eso no quiere decir que no valga la pena echar un vistazo a los motivos que disparan cada queja. Conseguirás que estas quejas sean útiles si… ¿lo adivinas? HACES ALGO!!!

La queja tiene su utilidad si te lleva a un cambio de conducta, si no, no es que no sirva para nada, sino que sirve, y mucho, para amargarte a ti y a los de tu alrededor. Si no estás dispuesto a hacer algo que ataque al motor de tu queja, cierra la boca.

Detecta la queja antes de quejarte. Después, haz algo o no te quejes.

 

Pues nada más, un juego especialmente hecho para mí o para gente como yo. Llevo jugando bastante tiempo y he mejorado mucho, pero esta semana le daré un buen empujón, que nunca viene mal.

Anímate!

Haz click en los siguientes enlaces si quieres leer sobre otros beneficios de cerrar la boca:

Deja de criticar (o critica menos)

El método Buteyko

 

Si te da pereza leer, aquí lo leo para ti. 

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