La leyenda del malvado Flecharroja

Aunque todos hemos oído hablar mil veces de la leyenda del malvado Flecharroja, muy pocas veces, si alguna, nos paramos a pensar de verdad en todo lo que está en juego.

Si en el primer post pudimos hacer una primera aproximación a la naturaleza de los vagos y a su cerebro, en este segundo post mi intención es la de denunciar la penosa realidad que vivimos cada día millones de vagos.

No descubro nada nuevo si digo que el mundo está en manos de no vagos y diseñado para no vagos. Esto es verdad hasta tal punto que los vagos ya ni siquiera somos capaces de darnos cuenta de que vivimos bajo el asfixiante yugo de una dictadura. La dictadura del “hacer”.

Todo se consigue “haciendo”. Todo lo que se valora “se hace”

Este culto al “hacer” ha acabado imponiendo una única lógica a la vida

La vida sólo tiene sentido si se vive en una sola dirección: “haciendo”.

Esta lógica se manifiesta como una pesada losa bajo la que vivimos los vagos a lo largo de toda nuestra vida. Piénsalo bien:

 

¿Por qué, desde que tienes uso de razón, siempre tienes la sensación de “tener que hacer algo” que no te apetece?

El hecho de que los vagos vivamos sin cuestionar la legitimidad de este sentimiento es sin duda el gran triunfo histórico de los no vagos.

A pesar de que no resulta nada fácil llegar al corazón de este gran engaño, no cometeré la arrogancia de proclamar que soy el primer vago que lo consigue. Son muchos los vagos a lo largo de la historia que han denunciado esta situación y que han intentado abrir los ojos a sus iguales, aunque a la vista está que ninguno de estos vagos consiguió resultado alguno…

Sin embargo, los no vagos, parece ser que en algún momento de la historia llegaron a sentirse amenazados e inventaron la leyenda que apuntaló de manera definitiva la gran mentira con la que dominaban el mundo:

“La leyenda del malvado Flecharroja”

A pesar de las discrepancias sobre su autoría o sobre la fecha en la que surgió, esta leyenda lleva miles de años entre nosotros y sigue trabajando para los no vagos con la misma diligencia y efectividad que el primer día.

Según esta leyenda, una vez existió un vago que consiguió convertirse en no vago. Un vago no vago.

¿De qué manera nos afecta esta leyenda a los vagos?

Todos los vagos, en cierto modo, ya tenemos una idea de cómo ha influido e influye en nuestras vidas la leyenda del malvado Flecharroja. Sin embargo, la conexión entre la leyenda y nuestras vidas es mucho más profunda y compleja de lo que pudiera parecer a simple vista.

En este punto, merece la pena detenerse a analizar cómo trabaja la leyenda y por qué su influencia va mucho más lejos de lo que pensamos.

De todo lo que digamos, lo más importante de todo es comprender que la leyenda opera desde dos frentes muy diferentes:

El primer frente es manifiesta y deliberadamente obvio y quizás el único del que tengas conciencia como vago:

Podría parecer que la finalidad última de esta fábula tan inverosímil no fuera otra que la de divulgar una historia real utilizando un relato épico. Desde esta perspectiva, el impacto de la leyenda no iría más allá del impacto del propio relato, que por lógica sería el mismo que el de cualquier otro relato.

Este impacto es el que probablemente ya hayas detectado en diversas ocasiones a lo largo de tu vida. De hecho, opera de una manera tan directa y descarada que casi atenta contra la inteligencia pensar que es así como consigue todo lo que verdaderamente consigue, pues se le ve venir como a un cura en la nieve:

 

“¿Cómo que eres vago? ¡El malvado Flecharroja también era vago y eso no le impidió vivir como un no vago!”

(a qué vago no le ha acompañado esta observación toda su vida…)

 

Entonces… te preguntarás:

 

¿Cómo es que, siendo tan simple y previsible, la leyenda a pesar de todo ha conseguido mantener el sistema social de castas a lo largo de los siglos?

La respuesta la encontramos en el segundo frente desde el que opera la leyenda, y aquí es donde la leyenda traspasa toda genialidad conocida hasta ahora, de hecho, redefine el concepto mismo de genialidad:

 

La verdadera genialidad de la leyenda consiste en haber logrado hacernos creer que simplemente consiste en un relato épico y auto-contenido.

Lejos de tratarse de una simple fórmula narrativa contenedora de un relato más o menos impactante, la leyenda, de alguna manera, es auto-consciente. Está totalmente fuera de mi alcance comprender cómo esto ha sido posible, pero es así.

La leyenda coloca el relato a modo de testaferro, de este modo, asumimos el relato como la identidad de la leyenda, y vinculamos la validez de la leyenda a la validez del relato. Así, toda vez que se cuestiona la leyenda, lo que se cuestionan son los hechos que se relatan en ella. Que si el malvado Flecharroja no era malvado, que si realmente no era vago, que si Flecharroja no era su verdadero nombre, que si no existió, que si realmente era la malvada Flecharroja…

Y mientras tanto, el verdadero germen de la desgracia de los vagos permanece inalterado al paso del tiempo, oculto a los ojos de los historiadores.

Así pues, la leyenda, en su condición auto-consciente, durante miles de años ha conseguido simular encerrarse a sí misma en forma de relato, para así distraer la atención de su verdadero propósito:

El verdadero propósito de la leyenda es el de ser el ángel custodio del concepto de la elegibilidad de la condición de vago.

En otras palabras, la leyenda consigue que se siga creyendo que el que es vago es porque quiere, y lo consigue gracias a que vincula la validez de tan flagrante afirmación a la validez de unos hechos históricos. Hechos que realmente jamás estaremos en condiciones de poder aclarar.

Para ayudarnos a entender toda esta trama tan malvada, podemos utilizar el famoso modelo Lünanbêrg:

 

Según el famoso modelo Lünanbêrg, la leyenda trabajaría de tal manera que los vagos, miráramos donde miráramos, siempre veríamos el relato orbitando permanentemente alrededor de nosotros, lo cual nos colocaría en la clásica elipse de SESEXVE (SEntir que lo que Sentimos se debe EXclusivamente a lo que VEmos).

Y mientras tanto, fuera de nuestra vista, orbitaría la principal causa de lo que sentimos – el propósito de la leyenda – creando la elipse de REOCULSEN (REsponsable OCULta de lo que SENtimos).

El modelo Lünanbêrg se ha usado hasta la saciedad para explicar de manera gráfica el impacto de las causas ocultas y, aunque me imagino que ya lo sabéis, acaba demostrando que mientras el individuo se encuentre en la elipse SESEXVE, será la elipse REOCULSEN la que gobierne sobre su percepción y, por tanto, pensamientos y sentimientos.

 

¿Cómo nos afecta entonces la leyenda, cuando nos atrapa en SESEXVE?

 

Aunque esta vez será mucho más difícil saber de donde vienen los golpes, por desgracia, nuestro día a día está plagado de ellos. Para muestra un botón:

 

“¿qué te crees que a mi no me cuesta? “

“¿qué te crees, que a mi me apetece?…”

¿Te suenan este tipo de preguntitas? Para un vago hay pocas cosas más deleznables que un no vago comparándose con él cuando de hacer algo se trata.

Los no vagos se han vuelto así marionetas involuntarias de la leyenda. No digo que sean malos, ni siquiera digo que debamos odiarlos (aunque lo hagamos con todas nuestras fuerzas). Simplemente también ellos se han creído la gran mentira de la elegibilidad de la condición de vago, también ellos están en SESEXVE. Si la leyenda no hubiera conseguido engañarnos a todos, no habría podido funcionar.

Nuevamente… te preguntarás:

 

¿Existe realmente la posibilidad de acabar con el sistema de castas?

 

A pesar de que en el vídeo presento como una opción la posibilidad de acabar definitivamente con el sistema social de castas, esto es absolutamente imposible.

Mientras sigamos concentrando los escasos esfuerzos que somos capaces de realizar los vagos en el estéril debate sobre la realidad de unos hechos históricos, la leyenda permanecerá inalterada y tan eficaz como el primer día… y no hay ningún motivo para creer que los vagos vayamos a cambiar de estrategia en los próximos miles de años. Por tanto, a efectos prácticos:

Los vagos no existen. Todos somos vagos porque queremos.

He esperado hasta el final para soltar esta bomba porque no quiero robarles la esperanza a los millones de vagos que verán el vídeo pero que no leerán este texto tan infumable hasta el final. Si no lo hacen, al contrario que tú, amigo vago en crisis, es porque su angustia no es tan insoportable como la tuya, y a pesar de la penosidad con la que transcurren sus días, en el fondo, conocer la verdad, en este su momento vital, resultaría más doloroso que seguir viviendo el engaño de una vida con esperanza.

Llegados a este punto… te preguntarás:

 

¿Para qué escribes entonces toda esta mierda?

 

No desesperes amigo vago en crisis. Mi intención y propósito es la de ir proporcionando material vagos-friendly con el que conseguir, poco a poco, que nuestra vida sea un poco menos penosa cada día. Pero primero, teníamos que saber quiénes somos y a qué jugamos.

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