La vergüenza, vasalla de la normalidad

El monstruoso monstruo de la trascendencia y el inmisericorde monstruo de la vergüenza velan día y noche para que nadie pueda escapar del inexpugnable castillo de la normalidad.

La vergüenza es una de las más importantes fuerzas vasallas de la normalidad. La vergüenza obedece ciega e inmisericordemente las órdenes de  la normalidad, y siempre está preparada para hacerlas cumplir.

Así, en cuanto nos planteamos ser o hacer cualquier cosa que se salga de lo que en nuestro entorno se ha estandarizado como normal, la vergüenza no se hace esperar.

Además, para nuestra desgracia, la vergüenza nos conoce bien. Lleva toda la vida con nosotros y sabe como nadie hacernos un traje a medida.

 

Falsete, pantuflas y el inmisericorde monstruo de la vergüenza

 

El que diga que no conoce o ha conocido la vergüenza o es disfuncional o es tonto o miente.

Siendo la vergüenza una fuerza tan poderosa y universal, creo que merece la pena que todos paremos un momento a reflexionar sobre ella y, seguramente, al hacerlo, todos nos demos cuenta de que la vergüenza está siendo una de las principales fuerzas responsables de que no hagamos alguna de las cosas que nos gustaría hacer. O de que a veces no nos comportemos como nos gustaría. O de que a veces no seamos como nos gustaría ser.

Identificado el problema, no hay que ser muy listo para darse cuenta de que comprar el pan en pantuflas o liberar nuestro falsete probablemente no sean cosas que pertenezcan a la categoría de ser como nos gustaría ser o a la de cosas que nos gustaría hacer.

Preferiríamos que nos diera menos vergüenza hablar de según que sentimientos, o decirle a no sé quién no sé qué, o vestir de no sé qué manera, o hablar en público, etc…

Mi experiencia personal es que intentar intervenir sobre estas áreas de nuestra vida tan “importantes” y automatizadas es muy muy complicado.

Sin embargo, enfrentarse a la vergüenza a través de las pantuflas,

  • es algo nuevo para nosotros
  • es una situación de la que somos mucho más conscientes dado que nos la planteamos intencionadamente a nosotros mismos
  • es una  situación que, aunque la podríamos resolver perfectamente recurriendo a patrones automatizados de nuestra conducta en otras áreas de nuestra vida (es decir: aparece la vergüenza, luego no me pongo las pantuflas para salir a la calle), nos ofrece una posibilidad de ELEGIR hacerlo de otra manera.

El siguiente paso, seguramente sea el de vencer al monstruoso monstruo de la trascendencia. El que nos dice que no vale de nada enfrentarse a la vergüenza para salir a la calle en pantuflas. Que eso no nos ayudará a superar nuestro miedo a hablar en público o a decir lo que pensamos o…

Hacer caso al monstruoso monstruo de la trascendencia sería como hacer caso a alguien que te dice que sólo tiene sentido jugar a baloncesto si juegas en la NBA, aunque sepas que NUNCA NADIE ha empezado jugando a baloncesto directamente en la NBA.

 

Y yo digo:

Si sabes hacerlo, hazlo. Deja de pasar vergüenza cada vez que hables en público.

Pero si no sabes hacerlo, igual deberías empezar poniéndote las pantuflas.

La vergüenza al fin y al cabo es la misma.

 

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